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Ley Nacional de Tartamudez – Argentina, 4 de Mayo

La tartamudez del desarrollo comienza generalmente entre los 2 años y los 3 años y medio de edad. En contraste con las disfluencias típicas, la tartamudez se manifiesta como un comportamiento motor indeseado que interrumpe la transición dentro de la palabra. Desde el momento en que la tartamudez aparece no se considera un hito del desarrollo del lenguaje. Es un desorden muy complejo, que involucra varios aspectos, no solo comportamientos visibles o audibles. También puede desencadenar falta de confianza, baja autoestima, y dificultades al momento de vincularse.

Hablar se considera una actividad vital importante, la habilidad de expresar con palabras, comienza desde el inicio de nuestras vidas y se continúa a lo largo de la misma. La comunicación verbal une a las personas, nos permite conectarnos, exponer ideas, compartir sentimientos. Cuando nuestra habla presenta características particulares y se encuentra sustancialmente condicionada, debido a experiencias no gratificantes a lo largo del tiempo, termina manifestándose una alteración en el habla, en el lenguaje y la comunicación, que genera una gran limitación en la actividad y participación de las personas. Imaginen a su propio hijo en la escuela cuando levanta la mano para preguntar algo y no le sale y se frusta, siente luego miedo al hablar y no sabe por qué no le salen las palabras; y esto además le sucede delante de todos sus compañeros. Pensemos en todas las experiencias negativas acumuladas, sociales y académicas, que tiene que enfrentar día a día. La tartamudez no tiene causa psicológica pero el desconocimiento y sobre todo, la conducta a veces discriminatoria de parte de la sociedad, pueden hacer daño y como consecuencia agregar un trastorno de salud mental.

Es innegable cuánto las experiencias de niños, nos marcan en nuestra vida de adultos, por ejemplo, recuerdo cuando un paciente a sus 38 años me dijo: “Los docentes pueden ser grandes aliados o grandes generadores de traumas”.

La igualdad de oportunidades debe ser tenida en cuenta desde los primeros años de vida, ya que son años fundamentales para dar a cada niño el mejor comienzo, y las habilidades de habla y la comunicación son un indicador importante del bienestar infantil. Estas habilidades determinan la capacidad del niño para aprender, desarrollar amistades y sus futuras oportunidades en la vida. Como sociedad debemos procurar que todos nuestros niños se desarrollen en un ambiente cálido, amoroso y de cuidado, que les permita crecer seguros y construyan su confianza.

Todos los niños, independientemente de sus circunstancias, deben poder desarrollarse y prosperar. Existe una creciente preocupación por el número de niños que empiezan a ir a la escuela con dificultades en el habla, la comunicación, y el desconocimiento por parte de los profesionales que rodean el entorno cercano de esos niños, como pediatras, docentes y otros, además de la falta de fonoaudiólogos y la demora en conseguir turnos, formando parte de largas listas de espera. Es importante tener en cuenta que en el desarrollo del habla “empezar con una dificultad puede significar quedarse con la dificultad”, y en algunos casos las dificultades que aumentan con el paso del tiempo pueden convertirse en obstáculos insuperables para la mayoría. La tartamudez no tendría por qué generar desigualdades en el desarrollo y mucho menos un impacto negativo en la vida de quienes conviven con ella.

Una mayor concientización sobre la importancia de la atención temprana de la tartamudez, intentaría garantizar que todos los niños reciban apoyo para alcanzar su mayor potencial.

Durante los primeros años de la infancia, la incidencia de la tartamudez es de un 5% y su prevalencia es de 1%, lo que nos demuestra que hoy, hay más de 70 millones de personas en el mundo que tartamudean.

Nosotros no podemos predecir que niño continuará tartamudeando o cual dejará de hacerlo, pero sí podemos establecer banderas verdes sobre banderas rojas para determinar con criterio el diagnóstico y la terapia más adecuada para cada niño y su familia y trabajar según las posibilidades de restablecer la función de la fluidez o implementar estrategias comunicativas que faciliten el uso de estrategias para el habla y desarrollar actitudes saludables en relación a su comunicación.

Por lo tanto, es nuestra responsabilidad como terapeutas continuar educando a la población, acompañando a quienes más lo necesitan, apoyando y conteniendo a las familias, para lograr construir una sociedad más inclusiva, empática y compasiva. En la que de a poco se pueda disminuir la falta de comprensión a las diferencias, los condicionamientos y los prejuicios para lograr deconstruir ideas instaladas hace años. Ustedes señores legisladores, tienen la voz y las herramientas para producir los cambios y brindar mejores oportunidades en la vida de estos niños y de sus familias. Es en nombre de ellos que hoy estamos aquí para pedírselos.

Muchas gracias.

María Pía Coscueta, Terapeuta del Habla – Tartamudez Center

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