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Mi hijo ha empezado a tartamudear: desmontando los mitos más comunes sobre el tratamiento logopédico

Cuando un niño comienza a tartamudear, es natural que en la familia surjan dudas, inquietud e incluso miedo por su futuro comunicativo. Consecuentemente, a menudo suelen aparecer consejos, recomendaciones y opiniones que a veces generan más confusión y pueden retrasar el acceso a la intervención específica en tartamudez. Por ese motivo, hoy queremos ofrecerles una visión clara sobre el tratamiento de la tartamudez y la importancia de un acompañamiento temprano y especializado.

MITO 1: “CON EJERCICIOS DE LENGUA, SOPLO O LENGUAJE DEJARÁ DE TARTAMUDEAR

REALIDAD: El trabajo de lenguaje, habla o motricidad orofacial no constituye el tratamiento de la tartamudez. Este tipo de ejercicios pueden ser útiles en otras condiciones que, en algunos casos, pueden estar presentes en comorbilidad con la tartamudez, pero no abordan el origen del trastorno de la fluidez del habla. El abordaje de la tartamudez debe ser específico, individualizado y especializado.

MITO 2: “TARTAMUDEA PORQUE NO ARTICULA BIEN LOS SONIDOS”

REALIDAD: La tartamudez no es un problema de pronunciación. Se trata de un trastorno del neurodesarrollo en el que influyen factores neurológicos, genéticos, ambientales y emocionales. Por lo tanto, el tratamiento principal no debe estar focalizado en la articulación de los sonidos del habla, sino en un trabajo específico orientado a la desensibilización, identificación, modificación de la tartamudez y/o moldeado de la fluidez del habla, siempre en función de las características del niño, de su entorno y de su propia tartamudez. Todo ello debe ir acompañado del asesoramiento adecuado a la familia en cada caso.

 

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MITO 3: “ES SOLO UNA ETAPA, YA SE LE PASARÁ”

REALIDAD: Es cierto que en algunos momentos del desarrollo del lenguaje pueden aparecer disfluencias en el habla, pero estas son diferentes de las disfluencias características de la tartamudez. Cuando observamos repeticiones de sonidos o sílabas, alargamiento o prolongación de palabras o bloqueos en el discurso, estamos ante signos propios de la tartamudez,independientemente de la edad que tenga el niño. Por ese motivo, se recomienda realizar una evaluación logopédica temprana, ya que permite orientar a la familia y ofrece mejores oportunidades de una evolución favorable de la intervención.

MITO 4: “SI LE DIGO QUE HABLE DESPACIO, LE ESTARÉ AYUDANDO”

REALIDAD: Frases como: “Habla despacio”, “Respira”, Vuelve a empezar o “No te pongas nervioso” suelen decirse desde el deseo de ayudar, pero pueden hacer que el niño no se sienta comprendido o escuchado, y esto puede incrementar su inseguridad y la presión comunicativa para hablar.

Entonces, ¿qué puede ayudar realmente a su hijo que tartamudea?
Una intervención temprana y específica en tartamudez.
Una intervención basada en la evidencia científica disponible y el razonamiento clínico.
Y un pilar fundamental: el asesoramiento a la familia y la intervención en el entorno del niño.

De este modo, es importante recordar que la tartamudez no se trata con praxias, soplo o ejercicios de vocabulario. Se aborda mediante una intervención específica, individualizada y adaptada a las necesidades del niño y de su familia, con el objetivo de que el niño se sienta confiado, competente y buen comunicador, independientemente de sus disfluencias en el habla.

Equipo Tartamudez Center

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